El Ministerio de Agricultura concretó la modificación a la normativa que regula la producción de vino en Chile, permitiendo que productos elaborados a partir de la vid con una graduación desde 8,5 grados de alcohol puedan ser considerados dentro de una nueva categoría de "vinos de menor graduación".

Hasta ahora, la normativa chilena establecía una graduación mínima de 11,5 grados para que un producto pudiera ser considerado vino. Esta decisión ha generado un intenso debate al interior de la industria, entre quienes apoyan la medida y los detractores.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, explicó que el cambio responde a una discusión que se venía desarrollando desde hace años en la industria y que apuntaba a permitir que los productores nacionales pudieran ingresar al mercado de los vinos con menor contenido alcohólico.

"A ese nicho de mercado de vino de menor graduación alcohólica nosotros no podíamos llegar porque, de acuerdo con la ley chilena, el vino tenía que tener por lo menos 11,5 grados", señaló Campos.

La autoridad agregó que se trataba de un debate de larga data. "Esto es una discusión que se venía planteando en Chile de hacía por lo menos 15 años, discusión que se fue recrudeciendo", sostuvo.

"Dictamos el decreto en virtud del cual hemos generado una nueva categoría de vino dentro de la categoría de vinos especiales, que son los vinos de baja graduación alcohólica hasta 8,5", afirmó.

La nueva normativa permitirá así la producción de vinos con una graduación alcohólica de entre 8,5 y 11,5 grados, sin modificar la categoría tradicional que hasta ahora concentraba la producción nacional.

El decreto ya fue tomado de razón por la Contraloría General de la República y deberá ser publicado en el Diario Oficial para comenzar a regir. Desde Agricultura apuntaron a que la modificación permitirá que la industria vitivinícola acceda a un segmento que ha venido ganando espacio tanto en Chile como en mercados internacionales, sin que ello implique reemplazar la producción tradicional.

Campos también vinculó la medida con la estrategia para ampliar los destinos de exportación del sector, particularmente hacia mercados del sudeste asiático y África, en momentos en que la industria vitivinícola atraviesa un escenario complejo.

La apuesta del Gobierno apunta así a combinar la apertura de nuevos mercados con una mayor diversificación de la oferta chilena, incorporando productos adaptados a nuevas tendencias de consumo.