La comunidad denuncia un aumento sostenido de incivilidades, consumo problemático de alcohol y drogas, y delitos asociados. Mientras los asentamientos informales se extienden por plazas y bandejones, la respuesta del municipio se ha limitado a tareas de aseo.
LOS ÁNGELES. Lo que comenzó como situaciones aisladas en las inmediaciones del estero Quilque o sitios eriazos hoy se ha transformado en una postal cotidiana en pleno corazón de la capital provincial de Biobío. Carpas de plástico, precarias estructuras de material ligero —conocidas como "rucos"— y colchones a la intemperie copan plazas, bandejones centrales de avenidas y sectores aledaños a la Plaza de Armas, generando un creciente clima de inseguridad y molestia entre vecinos y comerciantes.
La problemática trasciende la sola ocupación del espacio público. De acuerdo con el testimonio de locatarios y transeúntes, gran parte de quienes pernoctan en estos puntos viven bajo el flagelo de adicciones severas a drogas y alcohol.
Esta situación suele desencadenar riñas a plena luz del día, amenazas, robos por sorpresa y constantes incivilidades, desde el uso de veredas y áreas verdes como baños públicos hasta el acoso a peatones para exigir dinero.
Un elemento que agrava el panorama es que un alto porcentaje de estas personas no cuenta con residencia ni redes de apoyo en Los Ángeles; se trata de población flotante proveniente de otras comunas e incluso de distintas regiones del país, atraída por la actividad comercial de la ciudad o desplazada desde otras zonas urbanas.
Vecinos acusan abandono institucional
La inquietud en los barrios céntricos y residenciales va en aumento. Los vecinos denuncian que, a pesar de los reiterados llamados tanto a la Delegación Presidencial Provincial como a las policías y al gobierno local, ninguna institución ha presentado un plan integral de intervención psicosocial, seguridad o desalojo definitivo.
"Todos los días vemos cómo se instalan nuevas carpas frente a nuestros locales o en las plazas donde antes jugaban niños. No se puede caminar tranquilo a partir de las seis de la tarde. La autoridad parece esperar a que ocurra una tragedia mayor para reaccionar", señala un dirigente del comercio céntrico angelino.
Hasta el momento, la única presencia visible en terreno corresponde al personal de Inspección Municipal y cuadrillas de aseo, cuya labor se reduce a un ciclo diario y estéril: retirar toneladas de basura, escombros y desinfectar los paseos peatonales, para que pocas horas después las mismas estructuras vuelvan a levantarse en el mismo sitio o a pocas cuadras de distancia.
Organizaciones comunitarias y gremios locales exigen una mesa de trabajo intersectorial urgente entre el Ministerio de Desarrollo Social, las policías y el municipio, que distinga entre la ayuda humanitaria para personas vulnerables y la persecución penal frente a los hechos delictivos que hoy mantienen en jaque la tranquilidad de la capital provincial.