Los pronósticos más pesimistas sobre el desempeño de la economía chilena comienzan a ganar terreno. Lo que a comienzos del año apuntaba a una expansión cercana al 3% se ha ido derrumbando con el paso de los meses, hasta instalar un escenario de estancamiento e incluso de una eventual contracción del Producto Interno Bruto (PIB) en 2026.
El deterioro de las perspectivas se ha acentuado con las últimas cifras de actividad, pero también con un factor que se ha transformado en una amenaza creciente: el fenómeno de El Niño y sus consecuencias, palpables en los últimos días en Santiago, tras los episodios de violentas lluvias, aluviones y granizadas que hicieron colapsar al sector oriente de la capital y, por cierto, tendrán un impacto para la economía.
La dimensión de los daños materiales también comienza a tomar forma y se estiman millonarias las pérdida económicas asociadas al aluvión que afectó a Las Condes y a las intensas precipitaciones, granizadas y ráfagas de viento que golpearon posteriormente a Santiago. La Asociación de Aseguradoras habla de daños en torno a los US$200 millones.
La cifra podría subir a medida que se conozcan las denuncias y se evalúen los daños. Así, el escenario climático amenaza a una economía ya golpeada, con una demanda interna débil y una emergencia laboral. La pregunta es cuánto más puede resentirse el crecimiento durante los meses que restan del año y qué efectos podría arrastrar hacia 2027.
¿PIB en rojo?
Las proyecciones para 2026 muestran un deterioro sostenido. El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo su estimación de crecimiento para Chile a 0,6%, frente al 2,4% que contemplaba anteriormente.
El Banco Central, en su Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre, ajustó su rango a entre 0,25% y 0,75%, mientras que el Ministerio de Hacienda situó su previsión en 0,7%.
Las expectativas del mercado son todavía más moderadas. La Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) del Banco Central ubicó el crecimiento esperado en 0,2%, mientras que el Banco Mundial proyectó una expansión de 0,8%.
La posibilidad de terminar el año con una contracción dejó de ser una advertencia aislada. Tras conocerse que el Imacec de agosto cayó 1% interanual, Scotiabank consideró "altamente probable" que el PIB chileno cierre 2026 en terreno negativo, con una variación de entre -0,5% y 0%. Goldman Sachs, por su parte, redujo su estimación desde 0,6% a 0,3%.
El problema es que la actividad ya venía debilitándose antes de los últimos episodios meteorológicos, con el desplome de 17,4% de la minería durante agosto como protagonista. Las señales de alerta climática se habían intensificado durante los últimos meses. En junio, el Banco Central estimaba en torno a 30% la probabilidad de un episodio de intensidad extrema hacia fines de año. En septiembre, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), citando a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), elevó a 75% la probabilidad de un "Súper El Niño" de magnitud fuera de norma entre octubre y diciembre.
Las consecuencias potenciales no se limitan a las inundaciones o los daños en viviendas e infraestructura. Un fenómeno de esta intensidad puede alterar la producción agrícola, pesquera e industrial, interrumpir faenas, afectar las exportaciones y obligar a las empresas a destinar recursos a reparar daños en lugar de utilizarlos para ampliar su capacidad productiva.
La Cepal estimó que un episodio extremo de El Niño podría restar alrededor de 0,5 puntos porcentuales al crecimiento de Chile respecto de un escenario sin el fenómeno, sobre la base de análisis del Banco Central. Para Latinoamérica y el Caribe, en tanto, proyecta una pérdida acumulada equivalente al 2% del PIB en tres años, con una parte importante concentrada durante el primero.
Chile no sería el país más afectado de la región. Según las estimaciones citadas por la Cepal, un evento extremo podría restar 4,4 puntos porcentuales al crecimiento de Ecuador, 4,1 puntos al de Perú y 0,9 puntos al de Colombia. Sin embargo, el impacto potencial llega en un momento particularmente delicado para la economía nacional.
Los daños ya se reflejan en la actividad y las pérdidas materiales
Los recientes episodios en la Región Metropolitana pusieron en primer plano el costo económico de las emergencias meteorológicas. El aluvión de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, afectó viviendas, vehículos, calles y locales comerciales, mientras que las posteriores tormentas y granizadas provocaron inundaciones, cortes de electricidad y alteraciones en el transporte público.
En el caso de Las Condes, una estimación preliminar de la consultora Inciti cifró en US$172,8 millones los daños a las construcciones. La Asociación de Aseguradores de Chile elevó posteriormente a US$200 millones la estimación conjunta de las pérdidas asociadas al aluvión y a las tormentas que afectaron al sector oriente de Santiago.
El monto definitivo todavía está por determinarse. El gremio asegurador advirtió que el cálculo podría cambiar a medida que los afectados presenten sus denuncias ante las compañías, proceso que permitiría dimensionar mejor las pérdidas. Pero el impacto económico no se agota en el costo de las reparaciones.
Cuando una emergencia interrumpe la operación de una empresa, daña infraestructura o impide el normal desarrollo de una faena, también puede afectar los niveles de producción y las decisiones de inversión.
Ese es precisamente uno de los riesgos que advierten los economistas ante la posibilidad de que las condiciones climáticas adversas se prolonguen durante los meses que restan de 2026. Felipe Alarcón, economista de EuroAmerica, sostuvo que una parte importante del efecto de El Niño ya está incorporada en las proyecciones económicas, debido a lo ocurrido con la actividad durante julio y agosto.
"Gran parte del año económico ya está jugado y por tanto el daño a la actividad producto del efecto del niño (Imacec julio y agosto) ya está incluido en las proyecciones, de hecho ese daño me ha llevado a bajar la estimación de crecimiento PIB 2026 a 0%", señaló.
Agricultura bajo presión
El sector agrícola enfrenta dificultades ante la inestabilidad de las condiciones meteorológicas. Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), señaló que los cambios del tiempo complican la planificación de las labores del sector y obligan a reforzar algunas medidas de protección de los cultivos. "Esta inestabilidad climática nos afecta muchísimo para poder programar bien las labores agrícolas", sostuvo.
Walker agregó que los episodios recientes han tenido consecuencias sobre distintas etapas del desarrollo de los cultivos. "Ha habido un efecto en la polinización, en los distintos estados fenológicos, y por eso hemos tenido que reforzar todos nuestros programas de agroquímicos". Pese a ello, el dirigente gremial llamó a no anticipar un balance generalizado de daños en la agricultura.
"No me atrevería a hablar de daño generalizado a estas alturas del año", afirmó. "Los granizos causan mucho daño a los huertos que son afectados, pero tenemos daños aislados que vamos a tener que monitorear", cerró.