Son 1.017.832 y sostienen buena parte de la economía cotidiana. Uno de cada cuatro trabaja en el comercio, unos 121 mil atienden en restaurantes y hoteles, casi 84 mil levantan obras en la construcción y más de 57 mil se emplean en casas particulares.

Los trabajadores extranjeros representan alrededor del 11% de los ocupados del país. En el peor momento del mercado laboral desde la pandemia, protagonizan una excepción que llama la atención: su desempleo baja.

En el trimestre julio-septiembre, la tasa de desocupación de la población extranjera se ubicó en 7%, medio punto menos que hace un año, según el boletín publicado este lunes por el INE.

En el mismo período, la de los chilenos trepó 1,4 puntos, hasta 10,1%, su nivel más alto desde marzo-mayo de 2021, según cifras procesadas por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC-UDP). Es decir, si el mercado laboral estuviera compuesto solo por trabajadores chilenos, el desempleo ya habría cruzado la barrera de los dos dígitos.

Con los extranjeros dentro, la tasa general se queda en 9,8%. La mano de obra foránea le resta unas tres décimas al indicador. El telón de fondo es sombrío. El informe del OCEC-UDP describe un mercado laboral "profundamente debilitado".

Los desocupados llegan a 1.007.976 personas, la cifra más alta desde julio-septiembre de 2020. La tasa acumula 45 meses consecutivos en 8% o más y seis sobre el 9%. En doce meses se destruyeron 102.875 empleos, el mayor descenso desde febrero-abril de 2021. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, la desocupación llega a 24,4%. En ese escenario, la cifra de los extranjeros parece un oasis. Pero un oasis en el desierto también puede ser un espejismo.

La aritmética

El empleo extranjero no está creciendo: perdió 7.900 puestos en un año, una caída de 0,8%. Lo que ocurre es que la fuerza de trabajo foránea, es decir, quienes trabajan o buscan trabajo, se contrajo aún más rápido, un 1,3%, hasta 1.094.497 personas. Los desocupados bajaron 8%, a 76.665. La caída de la tasa "no obedece a mayor creación de empleo para este segmento, sino a que la fuerza laboral se contrajo, en términos porcentuales, más que el empleo", señala el informe de la UDP.

Entre los chilenos la ecuación fue la inversa. Su fuerza laboral creció 0,5%, pero el empleo retrocedió 1,1%. Más personas salieron a buscar trabajo justo cuando había menos. Incluso la mejora extranjera empieza a perder fuerza.

Tras tocar un mínimo de 6,2% en febrero-abril, la tasa ha subido tres trimestres móviles seguidos, desde 6,4% hasta el 7% actual. La radiografía por sexo muestra dos mercados que avanzan en direcciones opuestas.

En un año, la población masculina extranjera en edad de trabajar se redujo en casi 32 mil personas, mientras la femenina aumentó en más de 38 mil. Entre los hombres, la tasa de desempleo bajó de 6,8% a 5,7%, pero no porque encontraran más trabajo.

Los ocupados cayeron 4,3%, unos 24 mil menos, y los desocupados se redujeron 20,6%. Su tasa de ocupación incluso subió 0,3 puntos, otra señal de que el universo de hombres extranjeros se achica más rápido que sus empleos.

Entre las mujeres la tasa se mantuvo inmóvil en 8,4%, por razones distintas. Las ocupadas aumentaron 3,4%, unas 16 mil más, pero llegaron todavía más mujeres de las que el mercado logra absorber.

Las extranjeras fuera de la fuerza de trabajo crecieron 11,6%, hasta casi 199 mil, y explican prácticamente todo el aumento de la inactividad foránea. Su tasa de participación cayó 1,5 puntos, a 72,7%.

Menos contratos

Según el INE, los asalariados privados extranjeros cayeron 5,3% anual, unos 37.700 puestos menos, y los asalariados públicos, 17%. En cambio, los trabajadores por cuenta propia aumentaron en casi 14 mil (+6,5%), el servicio doméstico 26,9% y los empleadores 14,1%.

Los ocupados informales sumaron 20.570 personas en un año, hasta 319.830, y la tasa subió 2,2 puntos, a 31,4%, su nivel más alto desde julio-septiembre de 2024.

El fenómeno es masculino: los hombres explican prácticamente toda el alza, y su tasa de informalidad escaló 5 puntos, a 30,9%. Entre las mujeres, la tasa bajó a 31,9%.

De los 110.748 empleos asalariados formales que perdió el sector privado en el último año, según la UDP, 37.808 correspondían a extranjeros. Es un tercio de la destrucción, en un grupo que pesa cerca de un décimo del empleo total.

A la precariedad se suma el subempleo. Quienes trabajan menos horas de las que quisieran, el llamado tiempo parcial involuntario, se dispararon 35,4% en doce meses, hasta 73.806 personas, la cifra más alta desde que existen registros, en 2013. Así, la tasa que combina desocupación y subempleo, el indicador SU2, subió 1,2 puntos, a 13,9%

También cambió dónde trabajan. El comercio sumó 28 mil ocupados extranjeros en un año, un alza de 12,4%, hasta casi 253 mil. La construcción agregó 8.600 (+11,5%) y los hogares como empleadores, unos 6 mil (+11,6%).

En sentido contrario, la industria manufacturera perdió 8.300 trabajadores foráneos (-8,2%) y las otras actividades de servicios cayeron 18%. El perfil educativo se desplaza en la misma dirección.

Los ocupados con educación terciaria de ciclo corto, como técnicos y carreras de ciclo corto, como las carreras técnicas de nivel superior, cayeron 12,5%, unos 16 mil menos, y los con educación superior bajaron en otros 16 mil (-5,4%). Los que solo completaron la secundaria aumentaron en 23 mil (+4,8%).

En 2013 los ocupados extranjeros apenas superaban los 250 mil. Una década después se habían cuadruplicado, y tocaron su máximo a comienzos de 2025, con 1,04 millones. Desde entonces, la curva dejó de subir.

Venezolanos se repliegan

Buena parte de esa inflexión se explicaría por la comunidad venezolana, la más numerosa del país, con 669.408 personas según el Censo 2024. Un análisis del OCEC-UDP muestra que su población en edad de trabajar cayó 5,8% anual, unas 36 mil personas menos. Su fuerza laboral bajó 8%. Ambos indicadores suman 11 meses consecutivos de caída.

Para la UDP, los datos dan cuenta de que ya se inició un proceso gradual de salida de venezolanos desde Chile, en medio de la transición política que vive su país desde comienzos de año. El organismo indica, eso sí, que persiste "elevada incertidumbre" sobre su ritmo. Los números de esa comunidad explicarían el comportamiento del total.

La tasa de desempleo de los venezolanos cayó 1,3 puntos, a 5,8%, mientras la del resto de los extranjeros subió levemente. Los desocupados venezolanos se redujeron 24,4%, muy por sobre la caída de 6,7% de los ocupados. Para el director del OCEC-UDP, Juan Bravo, la lectura es que se van con más intensidad quienes no tienen trabajo, porque "quienes no cuentan con una fuente de trabajo tienen mayor propensión a salir del país".

El perfil de los que parten coincide con lo que muestran las cifras generales. Son hombres: su fuerza laboral cae 20,1%, mientras la de las mujeres venezolanas crece 7,1%. Son recién llegados.

El segmento con menos de cinco años en Chile se contrajo 35%, y el que lleva más tiempo aumentó. Y son, mayoritariamente, profesionales de entre 25 y 49 años: la fuerza laboral venezolana con educación superior completa se redujo en 53.818 personas.

Su empleo formal privado perdió 60.879 puestos. Sin contar a los venezolanos, la fuerza laboral extranjera creció 4,9% en un año y su empleo se expandió 4,8%. El empleo formal privado de este grupo sumó 23.071 puestos, en un mercado que en conjunto los destruía.