Nacional
Crónica
Policial
09/02/2026
Un informe del Observatorio de Crimen Organizado y Terrorismo de la Universidad Andrés Bello (OCRIT) detectó un aumento explosivo —de alrededor del 520 %— en la cantidad de ciudadanos chinos en prisiones chilenas entre 2020 y 2025, pasando de 5 a 31 personas privadas de libertad, según datos de Gendarmería. La mayoría (87 %) se encuentra imputada, y el resto ya condenado.
¿Qué revela el estudio?
El crecimiento de este grupo de reclusos extranjeros coincide con la llegada de migrantes chinos al país durante la pandemia, así como con la detección de organizaciones delictivas vinculadas a ciudadanos de ese origen, como la llamada Bang de Fujian, que por primera vez fue mencionada formalmente en un informe de crimen organizado del Ministerio Público de Chile en 2025.
Causas de detención
Del total de ciudadanos chinos en prisión:
50 % está detenido por delitos relacionados con drogas.
31 % por participación en redes ilícitas.
3 % por homicidios.
Operativos que marcaron el año
Un hito relevante fue el operativo del 3 de diciembre de 2025, cuando la Fiscalía Centro Norte y la Policía de Investigaciones (PDI) detuvieron a 30 personas —27 de ellas de origen chino— vinculadas a actividades criminales en el barrio Meiggs de Santiago, incautando armas y dinero en efectivo.
Preocupación de expertos
Pablo Urquízar, coordinador del OCRIT, afirmó que este aumento debe ser tema de preocupación para las autoridades, especialmente porque las cárceles pueden convertirse en lugares donde las agrupaciones criminales se rearticulan y vinculan con otros presos, tanto chilenos como extranjeros, lo que puede potenciar redes delictivas.
Más allá de Santiago
Investigaciones señalan que agrupaciones como la Bang de Fujian no están solo en Santiago: también han tenido presencia en regiones como Valparaíso, O’Higgins y La Araucanía, actuando en comunas como Estación Central, San Antonio y Temuco.
Contexto
Chile ha registrado presencia de estas mafias chinas desde al menos 2020, ligadas al tráfico de marihuana y otras drogas, así como a estructuras más complejas de crimen organizado que actúan con métodos sigilosos y territorialmente dispersos.
La situación pone sobre la mesa desafíos de seguridad, migración y coordinación interinstitucional para enfrentar el crimen organizado transnacional en territorio chileno y prevenir su expansión tanto en las calles como dentro del sistema penitenciario.