"Pasan, miran y siguen": Los Ángeles, la ciudad que ya no cree en la fiscalización del tránsito.

Regional

Crónica

13/05/2026


Son las ocho y media de la mañana en pleno centro de Los Ángeles. Una mujer empuja un coche con su hijo por la vereda de calle Lautaro. A los pocos metros, se detiene: una camioneta está estacionada sobre la vereda, ocupándola por completo. No tiene cómo pasar. Mira hacia ambos lados, baja a la calzada con el coche, y avanza esquivando autos. Detrás de ella, una adulta mayor hace exactamente lo mismo. Mientras tanto, a media cuadra, una patrulla pasa de largo. No se detiene. No mira. No fiscaliza.

La escena, lejos de ser excepcional, es el pan de cada día en Los Ángeles. Y así lo confirman, jornada tras jornada, los cientos de seguidores y auditores que hacen llegar a Radio Camila TV sus denuncias, fotografías y videos a través de redes sociales, mensajes directos y llamados telefónicos.

"Tengo que caminar por la calle con mis hijos"

"Vivo en la población Galilea y todos los días, todos los días, hay autos arriba de la vereda. Tengo que caminar por la calle con mis dos hijos chicos. Si pasa algo, ¿quién responde?", relata una vecina que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a represalias. Su denuncia se repite, casi calcada, en distintos sectores. No hay barrio que se salve.

Otra auditora del programa matinal escribió esta semana: "Llevo grabados como veinte videos de autos estacionados en la vía Solo Bus de calle Alamgro. Veinte videos. ¿Y saben cuántos partes he visto cursar? Ninguno. Los carabineros pasan, los inspectores pasan, y nadie hace nada."

El estacionamiento en doble fila: deporte nacional angelino

En el comercio céntrico, el panorama es aún más caótico. Calle Valdivia, Colo Colo,Rengo, Lautaro, Caupolicán,etc. A cualquier hora del día, las dobles filas son la regla, no la excepción. Camionetas que se detienen "solo un minutito" y terminan media hora estacionadas en plena calzada. Repartidores que bloquean carriles completos. Particulares que esperan a alguien dentro del auto, con las luces de emergencia encendidas, como si ese gesto los eximiera de la ley.

"Yo manejo locomoción colectiva y le juro que es desesperante", contó un conductor que se comunicó tras un reportaje anterior. "Uno trata de cumplir el recorrido a tiempo, pero es imposible. La doble fila te traba todo. Y nunca, nunca veo que cursen una infracción. Los infractores ya saben que no pasa nada."

Carreras clandestinas: el ruido que nadie escucha

De noche, el problema cambia de cara pero no de fondo. Vecinos del sector sur de la ciudad, así como de las salidas hacia la Ruta 5 y caminos rurales cercanos, denuncian de manera reiterada carreras clandestinas que se realizan con total impunidad, los fines de semana e incluso entre semana.

"Los escuchamos desde lejos, son motos y autos preparados que pasan a velocidades terribles. Hay niños en las casas, hay gente durmiendo. Hemos llamado mil veces y nunca llega nadie", relata un vecino del sector Santa Bárbara camino. Otro auditor agregó: "Es como si supieran a qué hora no hay fiscalización. Y la verdad es que lo saben. Porque nunca la hay."

La "ley del mínimo esfuerzo"

De la suma de estos testimonios emerge un diagnóstico que los propios ciudadanos han formulado con dolorosa lucidez: en Los Ángeles rige, en los hechos, una "ley del mínimo esfuerzo". Si no hay reclamo formal que escale, si no hay video viral que avergüence a la autoridad, si no aparece la prensa preguntando, entonces el problema simplemente no existe para quienes deberían fiscalizarlo.

"Yo creo que esperan que uno se canse", reflexionó una seguidora de Radio Camila TV. "Esperan que uno deje de denunciar, que se acostumbre. Y lo peor es que mucha gente ya se acostumbró."

Las cifras de infracciones cursadas, comparadas con la magnitud visible del desorden, refuerzan esta percepción. No se trata de una falla puntual ni de un sector descuidado: se trata de una omisión transversal, sostenida en el tiempo, que ha terminado por instalar en la ciudadanía la convicción de que las instituciones mandatadas por ley para velar por el tránsito han renunciado, en la práctica, a hacerlo.

Lo que dicen los que viven la calle

Un comerciante de calle Caupolicán resumió el sentir colectivo en una frase que muchos auditores han repetido: "Aquí pasan los carros de Carabineros, pasan los inspectores municipales, pasan todos. Pero es como si tuvieran los ojos cerrados. Pasan, miran y siguen."

Otra denuncia recurrente apunta al uso indebido de las vías exclusivas para transporte público. "La Solo Bus la usan de estacionamiento. Llegan, se bajan, hacen sus trámites y se van. Como si fuera de ellos", denunció un usuario del transporte público.

Y un padre, particularmente afectado, escribió: "Mi hijo casi fue atropellado el mes pasado por un auto que se subió a la vereda para evitar un taco. ¿Cuántos niños más tienen que estar a punto de morir para que esto se tome en serio?"

Una ciudad que pide, sin éxito, ser fiscalizada

Lo paradójico —y lo dramático— de la situación angelina es que estamos frente a una ciudadanía que pide ser fiscalizada. Que ruega, denuncia, graba, comparte, llama, escribe. Que ha asumido un rol que no le corresponde: el de auditor permanente de un sistema que debería funcionar sin necesidad de su intervención.

Pero ese clamor, transmitido día tras día a través de los canales abiertos de Radio Camila TV y de tantos otros espacios ciudadanos, parece chocar contra un muro. No hay un solo avance visible en la materia. No hay un plan público que muestre metas. No hay rendiciones de cuentas con cifras claras. No hay, en definitiva, señales de que las autoridades competentes hayan entendido la gravedad de lo que está pasando.

Mientras tanto

Mientras esta crónica se escribe, en algún punto de Los Ángeles un auto se está subiendo a una vereda. En alguna esquina, una doble fila está tapando un carril completo. En alguna avenida, un vehículo particular está estacionado tranquilamente sobre la vía Solo Bus. Y en alguna calle de la periferia durante las noches, un motor preparado se está calentando para una nueva carrera clandestina.

Y muy probablemente, también en este momento, una patrulla esté pasando cerca. Mirando hacia otro lado.

Los auditores y seguidores de Radio Camila TV lo saben. Lo viven. Lo denuncian. Y seguirán haciéndolo, porque entienden que el silencio es exactamente lo que la "ley del mínimo esfuerzo" necesita para seguir vigente.





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