Columna de Opinión: ¿Un domingo cualquiera?

Regional

Crónica

06/04/2026


Hoy despertamos con esa mezcla media extraña de ritos, por un lado, el significado profundo de la resurrección y, por otro, el rito de los niños por encontrar un rastro de chocolate. Podríamos ponernos técnicos con el origen de la diosa Ostara o los huevos teñidos en la vieja Europa, pero en el fondo, lo que importa es esa complicidad que se arma en el living o el patio de la casa.

Mantener estos símbolos no es solo un tema de fe, se trata de identidad. Enseñarles a los niños que hay fechas en el año que nos sacan de la rutina, y nos ayuda a crear recuerdos año a año. Al final, las tradiciones familiares son como esas raíces que no se ven, y que compiten con la modernidad, que por muy conectado que estén, igual se logra llenar ese espacio de asombro que se genera cuando un niño descubre un huevo de chocolate escondido detrás de un macetero.

A ratos da la impresión de que estamos perdiendo la batalla contra la inmediatez. Pero ojo, que un simple canasto con un par de huevitos tiene una carga simbólica gigante. La importancia de los símbolos radica justamente en eso, en que nos detienen el reloj y nos obligan a disfrutar el presente, a compartir un desayuno distinto y a valorar lo que ha pasado de generación en generación.

La adrenalina de encontrar el "tesoro" en el living o en el patio es mucho más real y vibrante que cualquier like en un post de Instagram, que se olvida en tres segundos, pero el grito de victoria de un niño cuando pilla un huevito escondido entre las plantas, se queda guardado para siempre. Es una emoción táctil, de las que se sienten en la guata, y que nos conecta con nuestra propia infancia de una manera súper genuina.

Por lo mismo, vale la pena defender estos momentos. Quizás la modernidad nos facilita la vida en muchas cosas, pero en lo que respecta al cariño y a la formación de la memoria, lo rústico y lo tradicional siguen llevando la delantera. Ojalá que, entre tanto chocolate, nos demos el tiempo de explicarles que la magia no está en el dulce, sino en el rito de buscarlo.

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Autor: Máximo Martínez Campos





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